Javier notó en ese instante cómo el ambiente se tensaba, cómo aquellos hombres se miraban entre sí, todos con claras interrogantes. Pero no había tiempo para analizar, ni siquiera para pretender ponerse bravucones.
Dos patrullas se detuvieron a pocos metros.
Román, el ganador de la partida, terminó colocando las llaves sobre la palma de Cristian.
Ambos se miraron en silencio. El hombre intentó disimular lo que pretendía: robarse el auto.
—Tranquilo, jefe, solo le estábamos cuidando las llav