—¿Javier? Por favor, responde... —murmuró Estefanía, apretando el teléfono contra su oreja mientras caminaba a paso apresurado bajo el sol hasta encontrar la parada de transporte.
Marcó y marcó el número de su hermano una y otra vez con el mismo resultado: buzón de voz.
Se sentía desesperada. Javier era menor de edad; se suponía que no sabía ni debía conducir.
Pero él había encendido su auto como todo un experto y se había largado dejándola abandonada en aquel lugar.
Quiso creer que esto era so