—Cristian, si quiero marcharme tú no…
La frase que Estefanía pretendía decir era sencilla, pero contundente. Terminaba con un «tú no podrás impedirlo».
Pero Cristian decidió silenciarla con un beso.
Allí, en medio de la penumbra de aquel mirador solitario, donde un mar de luces brillaba a lo lejos, donde el frío de la noche agitaba sin piedad sus ropas y desordenaba sus cabellos.
Estefanía cerró los ojos por puro instinto, disfrutando del toque áspero y agresivo de sus labios; de esos labios qu