Estefanía durmió esa noche en la cama de Cristian.
Como de costumbre, se acurrucó como un gatito perezoso junto a él.
El hombre no la rechazó. Acarició su cabeza un par de veces hasta que se quedó dormida por el cansancio.
Al despertar, la cama estaba vacía y ella seguía desnuda entre sábanas revueltas que olían a él y a sexo.
No pudo evitar recordar lo que habían hecho.
Sintió un calorcito extraño encenderse en aquella parte concreta de su anatomía al rememorar la forma en la que él la h