Mundo ficciónIniciar sesiónJaaziel Fusco, es un millonario empresario acostumbrado a ganar todo el tiempo, las mujeres siempre se le han regalado. Viene de una familia que se lo han dado todo a la mano, no sabe lo que es el desprecio hasta que en una convención conoció a Ikaika Zeldenthuis y desde entonces vive obsesionado con vengarse y humillar a la única mujer que lo ha despreciado en su vida. A Ikaika Zeldenthuis no le ha bastado una, ni dos, sino tres rechazos, tres humillaciones diferentes. Cosa que él como hombre, macho, varón, masculino no puede dejar pasar, haciendo una apuesta con su mejor amigo. Medio millón de euros es la cantidad que vale la humillación y el desprecio que le tiene preparado a Ikaika. Medio millón será la causa de su desgracia. ¿Será que el verdugo terminará siendo la víctima de las circunstancias?
Leer másDiez años después —Nos complace reconocer a la señora Ikaika Fusco por el gran desempeño como presidenta de las dos compañías zapateros más exitosas del mundo. Estamos más que honrados de poder dedicar esta semana de la moda a esta extraordinaria mujer que se ha sabido ganar nuestros respetos. Recibamos con un fuerte aliado a Ikaika Fusco. —Una ovación de aplausos se escuchó al momento de Ika subir al podio para expresar lo agradecida que estaba. —Buenas tarde, comienza saludando—. No tengo palabras para agradecer este maravilloso galardón. Comienzo diciendo que no lo hubiera logrado sin mi amado esposo, Jaaziel Fusco, un excelente ser humano, un maravilloso esposo y un ejemplar padre de nuestros cuatro hijos. El es la roca de la que me apoyo en mis peores momentos, Gracias amor por todo lo que le das. Este galardón también se lo dedico a mis hijos, Ikziel, Jazmín, Giorndano y Federico. Ellos son el motivo por el que me levanto día a día para poner el apellido Fusco en alto. Agradez
Ikaika y Jaaziel pasaron el resto de la mañana en el spa del hotel del amigo de Jaaziel. Allí tomaron masajes, terapias corporales. Salieron con el certificado de regalo para Betzy ya que el de Adriana el mismo spa se encargó de llamarla para contarle de su buena fortuna. Le pidieron una opinión de sus servicios y para eso debía probarlos, así que encantada Adriana aceptó. Claro, ellos esperaron que Adriana pusiera la hora para ellos enviar a Betzy a la misma, no querían que pareciera algo montado sino una mera casualidad.Entraron a la oficina con miradas de chicos traviesos, Betzy sonrió triste, no es que le molestara verlos feliz por el contrario, pero extrañaba a la pelinegra y deseaba tener lo mismo con ella. —Bet, cuéntame cuanto puedas ven a nuestro despacho. —dice Jaazielcy la mujer asiente poniéndose de pie rápido. No quería ni podía darse el lujo de perder su trabajo también. Ya perdió a su amor. —¿En que los ayudo? —pregunta entrando detrás de ellos. Ika sonríe y saca un
Ikaika ya estaba lista para ir a cenar con su novio. Llevaban algunas semanas conviviendo. Estaba tan acostumbrada a su amor que le echó de menos cuando este quiso ir a vestirse a su antigua habitación.Ika bajó hasta el vestíbulo de la mansión donde ya el señor Fuscol la esperaba muy apuesto, con su traje de tres piezas negro y una camisa crema. Él le había pedido a Ikaika que usará un vestido de noche que le regaló, el mismo era crema con lentejuelas y un escote bonito en V.—Te ves hermosa, amor mío. —dice este besando la mano de la mujer con la que desea compartir todas sus noches. —Gracias, tu no te quedas atrás, te ves guapisimo. —comenta la rubia haciéndolo sonreír. —Vamos, una hermosa noche nos espera. —le ofrece su brazo para guiarla hasta su auto, donde abre la puerta del pasajero para ayudarla a montar. Le ayuda con el cinturón para luego caminar casi corriendo hasta el lado del chófer para poner el auto en movimiento. Ya que este estaba en envido y con la emisora radi
Los días que pasaron no fueron menos intensos, ya Jaaziel había vuelto a la mansión y en la oficina habían informado que ya habían regresado recibiendo las felicidades de sus compañeros de oficina. Jaaziel estaba que besaba por donde pisaba su hermoso ángel e Ikaika que se quedaba atrás no le perdía ni pie ni pisada, habían movido el escritorio a la oficina de presidencia haciendo que sus días y noches fueran calientes y más. Parecían concejos comiendo en cada rincón donde se encontraban completamente solos.Jaaziel entra a la oficina que comparte con la rubia sacándola de su concentración. —Amor, separé una reservación para esta noche ir a cenar. —dice Jaaziel entrando a la oficina donde encuentra su compañera de vida envuelta entre sus bocetos. —Está bien, tenemos que pasar primero a la casa, debo dar de comer a Ikziel. —comenta sintiendo como sus pechos están llenos de leche. —Yo puedo ayudarte un poco con ese pequeño problema —comenta Jaaziel con voz ronca volviendo a la puerta
Jaaziel fue el primero en despertar, sonrió al ver a la mujer que no sale de sus pensamientos dormir a su lado. Beso sus labios de manera tierna. Nadie sabe cuántos días despertó pensando que ella estaba a su lado y su desilusión al ver que no era cierto lo destruía cada vez más. Pero esta vez ella estaba allí, no era un sueño, la tomó hasta que sus cuerpos estuvieron cansados. Fue a salir de la cama pero Ikaika no se lo permitió. —Tenemos que hablar. —dijo la mujer aún con sus ojos cerrados. Jaaziel sonríe y vuelve a besar sus labios.—No me iba a ir, solo quería pedir servicio a la habitación. Creo que ayer no cenamos y necesitamos tener energía para la reunión. —aclara el hombre saliendo por completo de la cama, mostrando su cuerpo esculpido por los dioses. Ikaika se acomodó en la cama para verlo caminar con esa potente erección que se comería con muchos deseos. Sonrió ante sus pensamientos pecaminosos y tomó su móvil para mirar si tenía un mensaje de Adriana. Rápido lo abrió pa
Ikaika pasó esa y las siguientes noches triste y decepcionada por todo lo que estaba pasando, tal como él le dijo solo venía a ver a su hijo y se volvía a marchar sin siquiera dirigirse una palabra, en la empresa era otra tortura, pues cada vez que tenían reuniones o que hablar de algo importante este iba más guapo que nunca. Ikaika ya no aguanta ese tormento. Ella ha hecho de todo para que este al menos la mire pero nada ha funcionado. Lo último que hizo fue ponerse una minifalda con una camisa con un gran escote dejando muy poco a la imaginación. Se sentía tonta porque no así consiguió hacer que este voltee a verla. Tres semanas lleva de tortura, tres semans sin saber que hacer para que él ya la perdone. Sale de sus pensamientos cuando escucha que tocan la puerta. —Adelante. —dice guardando los modelos que estaba haciendo para su empresa. Estaba creando la nueva temporada, Grecia había resultado ser una excelente encargada. Lleva la compañía viento en popa. —Buenos días Ika, Be
Último capítulo