Los días que pasaron no fueron menos intensos, ya Jaaziel había vuelto a la mansión y en la oficina habían informado que ya habían regresado recibiendo las felicidades de sus compañeros de oficina. Jaaziel estaba que besaba por donde pisaba su hermoso ángel e Ikaika que se quedaba atrás no le perdía ni pie ni pisada, habían movido el escritorio a la oficina de presidencia haciendo que sus días y noches fueran calientes y más. Parecían concejos comiendo en cada rincón donde se encontraban comple