Ikaika ya estaba lista para ir a cenar con su novio. Llevaban algunas semanas conviviendo. Estaba tan acostumbrada a su amor que le echó de menos cuando este quiso ir a vestirse a su antigua habitación.
Ika bajó hasta el vestíbulo de la mansión donde ya el señor Fuscol la esperaba muy apuesto, con su traje de tres piezas negro y una camisa crema. Él le había pedido a Ikaika que usará un vestido de noche que le regaló, el mismo era crema con lentejuelas y un escote bonito en V.
—Te ves hermosa,