Nicolás esperó a que Kirsten respondiera, aunque ella dudaba. Lentamente, Nicolás bajó la mano que había estado mostrando la muñequera hacia su costado.
Ella se movía nerviosamente de un pie a otro y entrelazó sus dedos.
“Bueno... verá...”.
Mientras luchaba, Elva se movió hacia el espacio entre Nicolás y yo. Ella tomó nuestras dos manos.
Mirándola, me di cuenta de que Nicolás le había limpiado las lágrimas. Ya no lloraba, aunque todavía parecía insegura, medio escondida detrás de mi