Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl amanecer comenzaba a teñir de azul pálido el cielo tras los ventanales, arrastrando consigo la cruda realidad. La pregunta de Lucía —¿qué somos?— aún flotaba en el aire cargado de piel, sudor y verdad.
Damián no respondió de inmediato. Su mano, grande y cálida, se deslizó por la espalda desnuda de Lucía con una ternura que no le había mostrado en cuatro años. Era la misma caricia lenta, casi reverente, que solía darle en las madrugadas de su apartamento, cuando el mundo se reducía






