*Vlad iba entrando a su habitación cuando notó la presencia de una intrusa. Armada de un colorido plumero, Violeta sacudía sus libros.
Sonriendo maliciosamente, Vlad caminó a hurtadillas y la aferró de la cintura. Ella gritó de la impresión.
—¿Quién te dio permiso para robarte mi polvo? Ladrona —le susurró al oído.
El plan de ignorarla no era perfecto. Vlad tenía recaídas y aprovechaba esos breves momentos para aplacar sus incipientes deseos por ella. Así, sujeta como la tenía, podía sentir