La angustiosa incertidumbre, que había tenido a Sofi y a Andy viviendo en una pesadilla, estaba a punto de acabar con la detención de los sospechosos.
—Cadena perpetua es lo mínimo que deberían darles —sentenció Andy.
La cándida noción que tenía sobre la justicia empezó a desdibujarse cuando los guardaespaldas los llevaron a unas bodegas propiedad de los Sarkovs.
Un escalofriante llanto les llegó cuando avanzaban por un oscuro pasillo. Andy cogió la mano de Sofi. De seguro estaba muy asustada