54. Los síntomas
Cuando Hellen terminó, se quedó arrodillada junto al retrete, respirando con dificultad. El frío del suelo del baño se le metía en los huesos, y se sentía débil y vulnerable. Se apoyó contra la pared, tratando de recuperar la compostura, pero las lágrimas comenzaron a caer sin control. Era demasiado, todo era demasiado.
Al salir, tenía la zurda en su vientre y la diestra en la boca, Hadriel estaba allí, con una expresión de preocupación que rara vez se veía en su rostro serio e inflexible, con