26. Desborde de placer
Hadriel estiró su mano, para vaciar la tina y llenarla de nueva agua. Estaba débil y aturdido por el alcohol. Y perdió mucho más la cabeza cuando su Cenicienta se posó encima de él. Sus labios sen entreabrieron al ser arropado por ese calor y se estrechez con la que ella lo apretaba. Gemía con levedad, pero ella lo hacía de forma más sonora. Veía los modestos senos frente a él. Su Ceniciente era la que se meneaba sobre él, meneando las caderas y galopando con suavidad y lentitud. La sostuvo por