19. Las caricias
Hadriel creyó que se había arrepentido, pero solo que no quería ser vista allí, en ese lugar. Lo comprendía y lo respetaba
—Entiendo. Eres libre de detenerlo cuando ya no estés segura de seguir —dijo él, con tranquilidad—. En cualquier momento.
Hadriel se levantó y se quitó la ropa que le faltaba, así como los zapatos y la medias. No imaginó que era él quien le estaba dando un espectáculo a la que se suponía debía atenderlo esa cita. Si saberlo, los papales de comprado y acompañante se había in