151. La madame
Hadriel se tomó un momento para admirar los detalles de la oficina, recorriendo la estancia con la mirada mientras su mente procesaba todo lo que había presenciado hasta ahora. Los cuadros en las paredes parecían contar historias que no se atrevían a decir en voz alta, mientras que las rosas, rojas y negras, dispuestas cuidadosamente sobre el escritorio de La Madame, le transmitían una mezcla de elegancia y peligro. Cada detalle del salón hablaba de opulencia, pero también de un control implaca