Cuando me acerqué a las perchas donde colgaban los vestidos, mis ojos debieron delatar mi sorpresa. A pesar de estar enfundados, se podía apreciar la calidad. Telas, encajes, bordados… todo gritaba lujo.
—Yo… yo… Dios, no sé ni por dónde empezar.
La dependienta sonrió ante mi asombro.
—No se preocupe, para eso estamos aquí nosotras. ¿Qué estilo prefiere, clásico o moderno? ¿Recatado o explosivo? Podemos empezar con eso.
Miré dudando a Romano. No sabía ni a qué fiesta me iba a mandar.
—Clásico y