Cuando llegó a la hacienda a pie, soplaba un viento fuerte, indicando que pronto caería una tormenta.
Antonella secó la última lágrima que rodó por su rostro, prometiéndose a sí misma que no lloraría más por Benjamín.
Aun desconsolada, recordaba las palabras de Vladir cuando le dijo que Benjamín la había abandonado en el altar porque ella era defectuosa e incapaz de darle herederos. Si él supiera que Antonella no solo era capaz, sino que ya le había dado un hijo, moriría de arrepentimiento.
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