En cuanto se alejó para recobrar el aliento, él la tomó de la cintura y le besó los labios, premiándola por tan maravilloso regalo, aunque por supuesto que iba a reprocharle lo que acababa de hacer.
— Tuviste que apartarte cuando te lo pedí — le dijo, un poco serio, ella todavía estaba roja y su corazón palpitaba a un ritmo inusual.
— ¿Por qué? Tú siempre lo haces.
— Sí, pero ese soy yo, tú… tú eres un hada, no quiero corromperte, aunque por lo visto, ya lo he hecho — la miró con divertida repr