35. Lo quería absolutamente todo
Todo estaba en penumbras; así que él fue el primero en entrar, encendió la lámpara de queroseno que había junto a la puerta y luego la invitó a pasar, atento a esos ojos que lo trasportaban a otro mundo.
Grecia observó el interior de la cabaña con lúcida admiración, de verdad que el lugar era precioso, y aunque pequeño; bastante acogedor.
Los pisos, al igual que todo, eran de madera, revestidos en ciertas partes por alfombras de cuero que esperaba fuesen artificiales.
— No te quedes allí, entra