27. Me gustó este día
Esa brujita se había dormido y no pareció importarle en lo más mínimo que lo hiciera sobre él.
Su pecho subía y bajaba contra el suyo desnudo; respirando trémula, tranquila, relajada, y así, media hora más, hasta que el atardecer se pintó de purpura y ella se removió con cuidado, desperezándose con ternura.
Gimió mientras alzaba la vista, buscando los ojos de ese hombre que la tenían embobada. Ladeó una sonrisa dulce, aliviada, él estaba allí, no había sido un sueño, era completamente real.
— H