21. Tú y yo tenemos algo pendiente
Tenerla así de cerca, a un palmo de su boca y respirando de su mismo aire, no era suficiente; necesitaba acabar con esa agonía cuanto antes.
Pero no la besaría, no hasta tener su consentimiento y estar seguro que esta vez no se le escaparía dejándolo tieso.
— Di algo — pidió contenido, y es que luego de aquella irreversible confesión, exigía una reacción de su parte por mínima que fuera o iba a volverse loco.
La joven respiró sintiéndose capaz de darle una merecida bofetada… ¿cómo se atrevía?
—