20. Necesito besarte desesperadamente
Por más rabia que hubiese sentido, no era un desalmado y tampoco se supo con el corazón para dejarla allí, incómoda y temblando de frío.
— Que no se te haga costumbre, bruja malvada… ven aquí — susurró a un centímetro de sus labios mientras la cargaba en peso, deseando despertarla con un beso que llevaba el último par de días evocando.
Subió hasta su habitación, la acomodó como pudo dentro de las sábanas y, preso de un arrebatador impulso, besó su frente; dejándola así, helada, pues ella lo hab