14. Era un canalla, uno muy grande
La abstinencia de las últimas horas solo había logrado que se sintiera irremediablemente desesperado por tenerla, si, desesperado por tener a esa brujita debajo de su cuerpo, presa, suya… ¡muy suya!
Llegados a ese punto — de no retorno —, ya no sabía qué diablos le pasaba con ella, pero, ese fuego que lo invadía cada vez que la tenía cerca no hacía más que intensificarse, por ende, debía actuar en consecuencia de sus instintos o terminar quemándose.
Grecia recibió el impacto de sus labios con l