Sobre la grama suave y fresca, cerca del suelo arenoso que termina en el cúmulo de aguas coloridas, Dylan y Legna yacen somnolientos y con cara de satisfacción.
Sus cuerpos se encuentran relajados, pero carentes de energía, puesto que después de haberse marcado volvieron a aparearse con más fiereza que la vez anterior.
—Me quedaría aquí contigo por siempre, mi hermosa mate —balbucea él, casi dormido.
—Hoy estás muy labioso... —le responde ella con voz débil.
—Es tu culpa...
—Unjú...
A lo lejos,