Dylan regresa a su forma humana y camina despacio en dirección al río, donde la pelirroja llora desconsolada.
Verla tan frágil y triste es una punzada que le atraviesa el corazón y lo hace odiarse a sí mismo. Ella no debería sufrir más ni dudar que es la única mujer a quien anhela a su lado. Ella debe sentir que es el amor de su vida y su razón de ser.
—No llores, mi amor —dice él con la voz temblorosa.
Legna lo mira por instinto. Sus ojos mieles brillan debido a las lágrimas, asimismo, su nari