Elena cerró la puerta de su habitación. Se quedó inmóvil durante unos segundos, con la espalda contra la madera y una mano sobre el pecho donde sentía el corazón desbocado.
El beso.
Aún sentía el calor de sus labios sobre los suyos. Aún saboreaba la suavidad de su tacto, la ternura de su acercamiento, la promesa en aquellos segundos que habían durado una eternidad.
—No puede ser—susurró, negando con la cabeza—. No puedo estar sintiendo esto.
Pero lo sentía. La emoción, la confusión, el deseo, e