Adrián despertó con el amanecer filtrándose entre las cortinas, y por primera vez en semanas, no sintió el peso aplastante de la desesperación nada más abrir los ojos.
Había tomado una decisión.
Si solo podría tener a Elena en sus fantasías, entonces disfrutaría de esas fantasías. Las cultivaría como un jardín secreto donde ella siempre estaría disponible, siempre sonreiría para él, siempre sería suya. No era ideal, pero era mejor que la tortura de pretender que no la deseaba.
Se levantó de la