Sergey, acompañado de Dimitri, avanzó por el corredor hasta el departamento de Andrew. Dio un par de golpes y, al poco tiempo, uno de sus hombres le abrió la puerta.
—Buenas noches —saludó el guardaespaldas.
Sergey respondió con un leve asentimiento.
—¿Dónde está él? —preguntó.
—En su habitación. Enseguida lo traeremos.
El hombre le hizo un gesto al otro y ambos desaparecieron por el corredor.
—Deberías dejar que lo manejen las autoridades —dijo Dimitri mientras se sentaba en el sofá—. Después