Sophie empujó la puerta de la cafetería y una campanilla anunció su llegada. Como cada vez que visitaba aquel lugar, se dirigió directamente al mostrador.
—Bienvenidos —saludó Cassandra, la dueña del local, levantando la vista. Al verla, sus ojos se iluminaron—. Oh, Sophie. —Entonces reparó en el hombre que la acompañaba y arqueó una ceja con picardía—. Así que hoy trajiste compañía. Y no está nada mal, por cierto.
—Cassandra... —la reprendió Sophie.
Debió haber imaginado que diría algo así.
Ll