Sophie salió de casa de su mejor amiga y caminó directamente hacia su auto.
La bienvenida había sido preciosa y había disfrutado sosteniendo a la pequeña hija de Amelia, pero bastaba una mirada al rostro de Dimitri para saber que el hombre estaba a punto de echarlos a todos. Lo único que Sophie no lograba imaginar era cómo pensaba sacar a su propio padre. Levka se había adueñado de la pequeña Irina y no parecía tener la menor intención de devolverla.
—¿Escapando otra vez?
La voz la tomó por s