Lily miró a Sergey. No había podido deshacerse de él. Había esperado que, al terminar el fin de semana, regresara a Nueva York, pero ya era jueves y seguía allí.
Cada mañana la esperaba a una cuadra de su casa para llevarla a la cafetería. Se quedaba allí casi todo el día y salían juntos a la hora del almuerzo. Por las noches, cuando terminaba su turno en el restaurante, ya la estaba esperando afuera. Entonces le preguntaba si quería que la llevara a casa o a su hotel, pero no insistía cuando e