Cap. 25 El despertar de la bruja
Anabel fue a la fábrica de Jordano. Tenía claro que algo había sucedido con él y necesitaba verlo.
La fábrica era grande y había crecido vertiginosamente; su novio parecía un empleado más con su uniforme celeste dirigiendo los camiones de entrega. Saltaba con una agilidad envidiable y movía cosas pesadas con facilidad.
No era el mismo, aunque nadie se diera cuenta, vestido así parecía un empleado más. Se acercó a hablar con él.
—Jordano.
—Anabel, preciosa.
—¡Qué hay, reina! —la besaba en la meji