CAMERON
Su piel se sentía cálida contra las yemas de mis dedos, y sus labios latían contra los míos en medio de la sinfonía que compartíamos.
Pasé mi nariz por su mejilla, raspándome un poco con su barba, y volví a sus labios.
Todavía me resultaba increíble que pudiera besar libremente sus labios, que pudiera tomar su mano, sentir sus manos en mis hombros y a mi cuello. Cada parte que tocaba se sentía cálida, reconfortada; cada respiración que ahogaba en mi boca era como una dulce victoria.
Fui