CAMERON
Las palabras de mi padre no dejaron de rondar mi cabeza en ningún momento de esa noche, ni de los siguientes días.
Me metí en mi cama por largas horas que sentí a cada segundo, con una inmensa pesadez en mi pecho que presionaba al punto de hacer que me faltara el aire.
«¿Has hecho algo bueno por este país?». La pregunta se repetía una y otra vez, junto a tantas otras, como un ciclo interminable. Tenía veintiséis años, ¿qué había hecho por Hiraeth?
A mi edad, mi padre ya había participad