Cincuenta y uno

La niebla cubre el mar bajo el cielo gris, que ha tomado ese tono porque está nublado. Aquel día, la gélida temperatura le traspasa la piel y siente ese mismo frío punzante embargarle el pecho. Mira el océano, que se muestra desolado y triste, puesto que la alegría ya no está allí y los colores se han tornado grises.

Las lágrimas se congelan al brotar de sus ojos y el llanto se le queda atascado en la garganta, lo que le provoca una sensación de asfixia.

«Estás destinada a la soledad y al dol
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