Eros se apoya en la puerta pegando su cabeza elevada al cielo, cerrando los ojos con fuerza, tratando de contener unas lágrimas imposibles de ocultar; se tapa la boca al momento que sus piernas bajan tocando el suelo del palacio, llorando en silencio.
«No solo la dañe, si no también la perjudique, ¿cómo alguien que profetiza dar amor puede causarle tanto daño a la persona que ama?»
En aquel momento. Nysa era la reliquia de Oeste, lo que desconocía la reina, pero sí su mano derecha; es que aquel