Después de un día agotador, Sol decidió salir a despejar su mente. Bajó por el ascensor hasta el primer piso y se detuvo unos segundos frente a la puerta de vidrio.
- Si mal no recuerdo… a tres cuadras hay un parque - susurró para sí misma, colocándose los audífonos.
El aire nocturno la recibió con una brisa suave. La ciudad parecía adormecida, apenas iluminada por las farolas que titilaban en la distancia. Comenzó a trotar hacia el parque, dejando atrás el edificio.
Al mismo tiempo, un Cadilla