A Debora no le cabía en la mente, cómo es que Amanda estaba viva, ella estaba segura de que la había asesinado. Pero por un lado estaba feliz ya que, no cargaría con el peso de ser una asesina.
En ese momento, un grito desgarrador rompe el tenso silencio. Debora reconoce la voz al instante: es Camilo. El sonido de golpes y sollozos proviene de una habitación cercana.
—¡Camilo! —grita Debora, sus ojos llenándose de horror—. ¡Déjalo en paz, Amanda! ¡Por favor!
Amanda esboza una sonrisa fría y cru