Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Valentina, esta vez no por el miedo o la rabia, sino por una profunda angustia y un remordimiento punzante. Richard, desconcertado por su repentino llanto, la abrazó con fuerza, acariciando su cabello.
—¿Qué pasa, mi amor? ¿Qué te sucede? —preguntó Richard con voz suave, su preocupación palpable.
Valentina se aferró a él, sollozando contra su pecho. —Tengo un problema... un problema muy grave, Richard. ¿Por qué...? ¿Por qué acepté a una persona