Una vil calumnia.
Su primer instinto fue irse, huir de sus presencias. La angustia la invadía, pero en lugar de eso, se armó de valor y caminó decidida hacia ellos. Con el corazón latiendo fuertemente en su pecho, se plantó en su camino, obligándolos a detenerse con gestos de incertidumbre.
Durante un tiempo, había estado evitando este momento, la curiosidad y la necesidad de respuestas la empujaron a dar el paso.
Al verla, Martín disimuló su sorpresa, pero rápidamente rodeó la cintura de su acompañante, Beli