Martín caminaba con pasos pesados por el pasillo de su casa, su mente enredada en un torbellino de pensamientos.
La ira lo consumía mientras se dirigía a la sala, donde su madre lo esperaba, sentada en el sofá, con la mirada perdida en un viejo álbum de fotos. El ambiente estaba cargado de tensión, y el silencio parecía gritar su angustia. Al entrar, su corazón latía con fuerza, y sin poder contenerse más, estalló.
—¡¿Fuiste tú?! Madre, ¿Eres tú quien convenció a Laura de dejarme hace años?—