Capítulo 39

El horizonte está teñido de rojo, pero porque el sol se esté ocultando, es porque Troya arde en llamas, los gritos de las personas retumban en mis oídos, muchos corazones sufriendo me matan, pero, a pesar de eso, el corazón de Helena es el que más me llama. Nos bajamos de los corceles y andamos con cuidado por el enorme jardín.

Tanto como Ares como Menelao desenfundan sus espadas, escuchamos a lo lejos un alboroto y nos apresuramos.

— ¡De nada sirvió tu bendición! — Un hombre grita iracundo.

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