— ¡Papi! — Grito feliz.
Él suelta una fuerte carcajada y me abraza dándome vueltas como siempre, luego me deposita en el suelo y besa mi frente.
—Hola cariño— Pone una de sus manos sobre mi mejilla. —Qué bueno que todo salió bien cielo, tu madre estaba al punto de una histeria masiva— Ríe de forma nerviosa. —Casi me saca a patadas del olimpo— Se rasca la nuca. —Cómo iba diciendo— Carraspea la garganta y se acerca a Paris. —Joven Paris, ¿Reconoces a mi hija Ina como la Diosa el amor puro y since