— ¿Qué… ha pasado? — Me mira con los ojos bien abiertos.
—Que mi padre, Zeus, te ha perdonado la vida— Suelto una risa nerviosa, mi cuerpo se quiere desplomar pero pongo todas mis fuerzas sobre mis piernas evitando caer al suelo.
Ares trata de tomarme entre sus brazos pero yo lo rechazo, pongo mis manos sobre la herida y me alejo de ellos.
— ¿Por qué? —
Miro por encima de mi hombro.
—Porque, a diferencia de ti Ares, ¡Yo si cumplo mi palabra! — Le reprocho y unas lágrimas se escapan de mis ojos