Capítulo doce.
Esa noche, de regreso a su casa, Ylva se durmió temprano después de cenar. Elena y Thomas, al verla descansar profundamente, pensaron que quizás era el agotamiento de la fiebre lo que la había vencido.
Sin embargo, un par de horas después, Ylva se despertó de golpe, empapada en sudor. Su respiración era agitada y su corazón latía con fuerza en su pecho. Se sentía extraña, como si su cuerpo ya no le perteneciera. Una atracción inexplicable hacia el bosque la impulsó a levantarse.
Como si estuvie