La casa estaba en penumbras y el silencio reinaba por todo el lugar con tanta fuerza que le taladraba los tímpanos a Ileana. Ella estaba sentada en el suelo con la espalda recostada en la cama de su amiga, quien no estaba allí con ella; se había esfumado de su lado.
Ileana estaba aterrada una vez más. Se habían llevado a Nadia y ella ni siquiera lo había notado hasta después de un par de horas por haber estado escribiendo en su diario ¿Cómo había podido ser tan mala amiga?
En realidad, la ans