Sorin decidió parquear su auto en el garaje para tener más privacidad, pero al tratarse de un parqueo general que todos los vecinos utilizaban, justo esa noche de viernes habían un par de vecinos platicando quizá de chismes variados, ya que no parecía que tuvieran prisa de retirarse pronto de allí.
–¿Bajamos ya? –inquirió Megara, pero Sorin negó con su cabeza y el ceño fruncido–. Es que… Creo que ella va a despertar –musitó la médium.
La sangre del rubio comenzó a hervir por la desesperación