Ximena tamborileaba los dedos sobre su regazo mientras esperaba en la oficina de Pauline. El despacho era amplio, decorado con muebles de madera y detalles que destilaban una elegancia fría y calculada, al igual que su dueña. Un gran ventanal dejaba entrar la luz de la mañana, proyectando sombras largas sobre la alfombra beige. La incomodidad la invadía por completo; no era la primera vez que estaba allí, pero en esta ocasión era diferente. Tenía algo importante que decir, algo que probablement