La puerta del departamento de Norman se abrió con un leve chirrido, seguido por el sonido de sus llaves cayendo sobre la mesita de entrada. Ekaterina dio un paso al interior, envuelta en el abrigo largo que él había insistido en que usara por si se resfriaba.Estaba completamente paranoico con el hecho de que se enfermara. El aire tibio del lugar contrastaba con la brisa fresca del exterior. Ella observó con curiosidad a su alrededor, sus ojos yendo de un lado a otro. El sitio era amplio, con muebles oscuros, detalles en madera y un mezcla de orden y estilo minimalista que reflejaba perfectamente a Norman. —¿Así que este es tu famoso departamento de soltero, eh? —preguntó, arqueando una ceja con diversión. Norman sonrió mientras cerraba la puerta. —El mismísimo. Aquí han pasado cosas... —¿Ah, sí? ¿Cuántas chicas han cruzado ese umbral antes que yo? Él se detuvo y la miró directo a los ojos. Su sonrisa se volvió suave, casi tímida. —Honestamente...Eres la primera. Pero una vez a la sema