La música suave llenaba el aire en el jardín iluminado con guirnaldas de luces cálidas. Las risas y las voces de los invitados se mezclaban con el tintineo de copas y el murmullo del viento entre los árboles. Sin embargo, ajena a todo, Ximena estaba sentada en una mesa al fondo, lejos de la pista de baile y de las miradas curiosas. Su vestido dorado, ajustado a su figura, destacaba bajo la tenue luz, pero su postura derrotada parecía desentonar con la alegría de la celebración. Jugaba con la se